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Joaquín Campos: "El feminismo sólo crece en estos tiempos de cólera"

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Joaquín Campos, malagueño afincado en Menorca que se fue de cocinero a China primero y ahora a Camboya. Ampliar imagen Joaquín Campos, malagueño afincado en Menorca que se fue de cocinero a China primero y ahora a Camboya.
Fulgencio Fernández | 30/09/2015 A A
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Joaquín Campos: "El feminismo sólo crece en estos tiempos de cólera"
Literatura Cocinero español en Camboya y también escritor, este irreverente novelista llega a León para presentar su novela ‘Doble ictus’, basada en un noviazgo suyo y real
Manoseamos las palabras con demasiada frecuancia y las regalamos. Así cuando calificas de irreverente o políticamente incorrecto a alguien realmente no significa casi nada, en muchos casos. Pero no hay otra palabras para definir a quien sí lo es, como Joaquín Campos, cocinero español antes en China y ahora en Camboya, novelista irreverente en ‘Faltan moscas para tanta mierda’, una visión muy dura de la China que soportó;y ahora regresa con otra historia singular y no menos valiente, ‘Doble ictus’, que presenta este miércoles (a las 20 horas) en la librería Alejandría, donde estará acompañado del escritor leonés Antonio Manilla. Se ha tomado un mes de descanso en Camboya para la gira de presentación  y ha tenido como padrinos a gente como Sánchez Dragó, con quien mantiene una larga relación y que, sin embargo, no le impide hablar de él así en su blog:"El resultado fue –y espero que no por el masivo consumo de mojitos- que Dragó, escritor consagrado, septuagenario, quejoso, cansado, chulesco, egocéntrico, autoritario, fascista, interesado y cutre cedió parte de su tiempo y cerebelo para crear en mí una acción de fe y paz, de amor consagrado, de responsabilidad sin emolumentos; Dragó creyó en aquella historia y me tendió su mano, arrugada de escribir –que no de sus setenta y tres tacos de vida- para gastar su tiempo y seguramente dinero –que un tipo como este si pierde un minuto de su vida en dejar de escribir sus recaudadores libros para apoyar causas perdidas es que se ha vuelto loco- en un dispar humano: yo".  

Cuento mi relación porque tener novia y no contarlo al detalle es como que te toque la lotería y esconderlo Así es Joaquín Campos. "Tengo el defecto -o el acierto- de llamar a las cosas por su nombre. Y si un señor es guarro, se le señala como tal sea chino, kazajo, gitano o andorrano. El puritanismo está destruyendo la vida, incluyendo su literatura, en la que  no se pueden crear personajes viscerales o violentos, todo debe ser mojigato y previsible, calculado... y así nos va; si mañana hubiera un compatriota que buscara editorial con una novela llamada ‘Lolita’, contando que Nabokov no hubiera existido como escritor, iría directamente a la cárcel si no a un campo de reeducación. Tengo una teoría a la hora de escribir o expresarme: llamar a las cosas por su nombre; y algo tan simple como eso no lo hace casi nadie", dice convencido.

Así el protagonista de su anterior novela, ‘Faltan moscas...’ un exportador español que vende vinos malos en China a precio de Vega Sicilia es "alcohólico, exconsumidor de drogas, putero, timador y gastrónomo, se agarra a la dignidad -la suya- como un balón de oxígeno".

Y el protagonista de la novela que ahora presenta en León ‘Doble ictus’ es él mismo, Joaquín Campos, pues la base de la historia es una relación amorosa suya, un noviazgo en Camboya con una abogada americana defensora de los jemeres rojos, de ahí que se haya repetido que se trata de una autopsia de su propia relación. Pero no solo, es muy crudo el retrato que hace de los triunfadores funcionarios internacionales que van a los países asiáticos. "Se abandonan con facilidad al alcohol, las drogas o la prostitución». Nada complaciente, como tampoco lo es con el protagonista de la novela, a fin de cuentas él.  «A la pregunta de si soy el autor que más fácilmente admite requerir servicios sexuales  digo que soy el más sincero, no el más promiscuo; a las señoras hay que advertirles que no solo sus maridos y hermanos, sino sus padres, abuelos, jefes, amigos y vecinos fueron, alguna vez, de putas".

Cuando le recriminan que desvele con pelos y señales —que incluye orgasmos, peleas, arritmias, borracheras, defecaciones, amenazas de aborto, planes de futuro, envidias—una relación personal afirma que "tener una novia y no contarlo al detalle es como que te toque la lotería y guardar el secreto".

Las señoras deben saber que sus maridos, hermanos, padres, abuelos, jefes... también van a putas La prostitución está muy presente en sus dos novelas, también en los ámbitos en los que se mueve, sobre todo en su etapa en China. "La prostituta es, siempre, una salida airosa. Y en China, una necesidad. A no ser que quieras transigir con unas tradiciones caníbales en donde tener pareja china te obliga a: casarte pronto, preñarla al instante, comprar una vivienda a sus padres, pagar la boda, mantener a la familia, en muchos casos permitirles la convivencia bajo tu mismo techo, hacer vida de paria visitando a diario joyerías y centros comerciales, imposibilitado para hablar no ya de Nietzsche, sino de cualquier tema, y en resumidas cuentas: arruinarte, disminuirte, depreciarte. Aún espero un reportaje de los sumisos corresponsales españoles en China contando la cantidad, siempre in crescendo, de timos post matrimoniales en donde el señor ibérico queda arruinado, sin la posibilidad de ver a su hijo, y con un billete de vuelta a España, donde o se suicidan o se atiborran de antidepresivos".

Joaquín Campos vivía en Menorca cuando, explica, "aprovechando una importante crisis laboral y personal, y recordándome a cada momento que no cargaba ni con hijos ni hipotecas, decidí irme lo más lejos posible con la excusa de escribir y con la promesa de no volver a trabajar para nadie, a no ser que lo hiciera como ‘free-lance». Y así arrancó una aventura que nos va contando en forma de novela y con muy pocas ganas de regresar a España:«En 30 años aquí no habrá jubilación y para agonizar en España prefiero hacerlo en un país donde no me conozca ni me entienda nadie".

Sus opiniones no dejan indiferente a nadie, tampoco comparte esa moda de los chefs que recorre España a través de sus televisiones. "No soy un chef de esos gordos que aparentan ser sucios, por más que se uniformen con el último grito en chaquetillas, que adoran salir en la tele dando detalles de sus recetas, soy de los que van al mercado a diario sin llamar la atención, leen libros a destajo, y nunca se apuntan a una asociación de chefs".

 Muchas de estas opiniones le han causado problemas con colectivos que le acusaban de racista, en su anterior novela, o con las feministas. No rehuye tampoco esta polémica. "España es un pozo sin fondo de progresía e inutilidad. El feminismo solo crece en estos tiempos de cólera, es una variación de los Ultra Sur, exaltados que defienden una idea hasta el límite de la cordura".

Es Joaquín Campos, que este miércoles estará en León, una ciudad que no conocía y a la que llega por su amistad con Bonilla, el novelista afincado ahora en León pero que no podrá estar en el acto por andar de viaje literario por Sudamérica.
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