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Interregno

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15/06/2015 A A
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Interregno
La somera lectura de la nueva novela del leonés consorte, José Vicente Pascual, titulada ‘Interregno’, que acaba de aparecer en Ediciones B, ha hecho reflexionar a este cronista acerca de este periodo que está viviendo España ahora mismo, entre unas elecciones y las consecuencias de estas en la administración de las comunidades y municipios.

La incertidumbre y el desgobierno producidos por los resultados electorales bien pudieran evocar a los que viviera la península Ibérica en los lejanos tiempos del emperador Honorio, cuando los ‘bárbaros’ asolaban el poder de Roma y sus dominios eran repartidos entre los diferentes pueblos invasores. ¿Quiere esto decir que estemos equiparando a Podemos y Ciudadanos con los bárbaros? Ciertamente, no; pero la evocación del famoso poema de Cavafis golpea con insistencia nuestra mente. ¿Qué vamos a hacer ahora?

No parecía muy arriesgado imaginar el resultado, pero evitaremos dar nuestra opinión al respecto, pues, como escribe Lord Bayron a su medio hermana Augusta Leigh en fecha 28 de noviembre de 1819 «he vivido lo suficiente como para no defender opiniones». Constatar, sin embargo, la facilidad con la que todos ellos abjuran de lo dicho y prometido solemnemente apenas pocos días o pocas horas antes y cambian su discurso en 180 grados lo que da por buena la postura de muchos votantes que han practicado el abstencionismo como terapia con la excusa de: ¡Total, son todos iguales y van a hacer lo mismo!

En las primeras páginas de la novela de José Vicente Pascual ya se anticipa que todo van a ser muertes y traiciones, y que, por alcanzar el poder, habrá quienes estén dispuestos a permitir la entrada a saco en la población de las cuatro plagas, que, como escribe el Obispo Idacio de Limia en su crónica, son: el hierro, el hambre, la peste y las fieras.

Del bienestar y de los intereses del pueblo llano y de sus opiniones acerca de esto y de lo otro, no parecen cuidarse mucho los poderosos. Bien es verdad que aquellos tiempos de Interregno (anteriores a la edad media) «eran tiempos de la espada y la leyenda» y estos de ahora lo son de las democracias mustias, denigradas y melancólicas. Lo que no quita para que siempre ande por medio, y enredándolo todo, el patriotismo, al que Lord Bayron, en carta de 6.4.1819 calificara como «sucio cenagal» a propósito de su amigo J.C. Hobhouse, parlamentario radical y reformista, quien acaba de perder las elecciones. También escribió: «Creo que trepar es, con mucho, el mejor privilegio parlamentario que conozco».
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