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El año de Fernández y Morales

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Imagen histórica de Ponferrada. Ampliar imagen Imagen histórica de Ponferrada.
Marcelino B. Taboada | 15/01/2017 A A
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El año de Fernández y Morales
Tradiciones y leyendas Se cumple el II Centenario del nacimiento de Fernández y Morales, político liberal y poeta astorgano, pero «berciano de adopción», que ha sido sometido a una especie de «ostracismo» del que esperemos sea rescatado
Durante este año en curso se conmemorará el II Centenario del insigne militar, político liberal y poeta, «berciano de adopción», Don Antonio Fernández y Morales (Astorga, 17 de septiembre de 1.817).

Este autor y prohombre de clase (al mismo tiempo que masón en potencia), importante en varios ámbitos, ha sido sometido a una especie de ostracismo del cual – creemos – será rescatado próximamente. Y es que Instituciones (Consejo del Bierzo, respectivos Ayuntamientos de Cacabelos y Villafranca, Instituto de Estudios Bercianos, Grupo As Médulas,…) han expresado, si bien a nivel informal, su determinación con vistas a poner en su justo valor al personaje cacabelense olvidado.

Mas, en otro aspecto esencial -y es al que nos ceñiremos seguidamente - es preciso destacar los valores intrínsecos y extraordinarios de su obra literaria. Respecto a esta cuestión baste aludir a que fue propuesto para dedicarle, en el año de su bicentenario, el Día de las Letras Galegas. Realmente entró en la disputa final por tal envidiable galardón. Aunque argumentos de escaso recorrido (su inferior calidad en relación con el inconmensurable limiego Carlos Casares, el hecho de redactar en dialecto berciano o su reserva para un hipotético caso de duda o discusión entre terceros) arrumbaron esta posibilidad. Y lo sentimos grandemente ya que la situación del gallego en las zonas limítrofes a la Comunidad de origen o cooficialidad (Eo-Navia, As Portelas y fundamentalmente en El Bierzo) es definida, de común acuerdo, con el calificativo de dramática: deserción de la juventud del habla de sus ancestros, poca producción escrita y falta de medios de comunicación adecuados -con la salvedad de la esporádica divulgación de algún que otro texto -, no uso apenas de esta lengua minoritaria en los municipios aledaños a la región del Finisterre (a pesar de que su constatación en la oralidad y vida normal sea mayor),… De cualquier modo, no va a ser objeto de análisis el tema anteriormente esbozado, por las connotaciones de política lingüística e ideológica que palmariamente comportaría. Es decir, la finalidad de lo que intentaremos, inmediatamente, se dirige a presentar a nuestros paisanos al señero vecino de otrora.

Antes de acabar con esta breve introducción preliminar, hace falta reseñar dos apuntes con una relativa transcendencia: uno de los mismos se residenciaría, por parte de los estudiosos, en su integración cultural en calidad de precursor del «Rexurdimiento», movimiento que rehabilitaría el gallego y lo orientaría hacia un concepto de lengua propia y de prestigio. Su conjunto lírico-poético «Ensaios poéticos en dialecto berciano» salió de una imprenta de la capital leonesa en el 1.861 (tras un precedente o adelanto en la Revista Esla: «O fiandón», 1.860) y antes de la eclosión absoluta de la tendencia recuperadora del idioma galaico, o sea, con un par de años de anticipación en comparación con los Cantares Galegos de Rosalía (1.863), traduciéndose al castellano un lustro después (1.868). También en este hilo discursivo conviene subrayar que la primera producción en gallego -en prosa y verso – fue, cronológicamente hablando, la titulada «A Gaita gallega» (Xoán Manuel Pintos, 1853). La segunda nota diferencial es su acendrado sentimiento berciano, su arraigo a esta tierra y su militantismo en causas de todo tipo: romanticismo, liberalismo, intervención en la sublevación -bautizada con la etiqueta de «La Gloriosa» (1868) - contra la Reina Isabel II (absolutismo), su implicación activa en las guerras carlistas,… En definitiva, era una persona de profundas convicciones que, a veces, defendía «a capa y espada».

Quién era


Inconfundiblemente la trayectoria vital y experiencial de un sujeto influyen y determinan, en un cierto grado y proporción, su creación y producción escritas. Las convicciones, circunstancias por las que se pasa se trasladan a su pluma y, en una medida apreciable, se plasman en la obra desarrollada. Y ello, lógicamente, se evidencia sobradamente en Fernández y Morales: un individuo sobresaliente, del pueblo, con una preocupación palpable por la colectividad e integrado totalmente en los designios de las clases populares de su época.

Un matiz, consustancial a sus anhelos, reside en su impecable expediente militar. Su currículo y carrera son impresionantes, a la altura de otros señeros elementos castrenses de su tiempo. Llegó a desempeñar la alta responsabilidad de brigadier, sus destinos fueron variados y notables (Gobernador militar en provincias, vgr.: en la plaza preferente de Toledo con ocasión de su ascenso al generalato). Asimismo estuvo destacado en León (1858 - julio 1866), momento en que se ofrece una descripción esquemática y a reiterar posteriormente de su profesión: “comandante de infantería e inspector provincial de estadística”.

Otro trazo de su personalidad radica en su participación en política: logró alcanzar la condición de diputado por la circunscripción territorial de Villafranca. Se incorporó al Partido Radical, como referente notorio del liberalismo progresista.

Otra cuestión axial es el amor por su “patria chica”: El siempre sintió una predilección por Cacabelos. No podía pasar sin retornar, de vez en cuando, a la Villa del Cúa. Su añoranza, mezcla de ‘morriña’ y bercianismo románticos, es una variable a considerar en sus poemas y temas a tratar.

Una de las relaciones o intercambios que le dejó una impronta permanente fue la reunión y conversaciones con el que se convertiría en un amigo indispensable: el filólogo, frenólogo catalán (en 1847, que acumulaba conocimientos sobresalientes sobre antropología cultural y etnografía) Mariano Cubí y Soler. A partir de este hito en su historial se decidiría a transcribir el lenguaje habitual y oral de sus paisanos del Bierzo bajo y central en toda una serie de manifestaciones, costumbres y vestigios consuetudinarios identificativos. Otra peculiaridad a reseñar era su completa formación religiosa durante su tierna edad. Estudió y se preparó en el Seminario de Astorga. Se trasladó más tarde al Colegio Militar de Valladolid, que no era tampoco ajeno a algunas prácticas litúrgicas. Por otra parte, sería nombrado para ocupar el cargo de delegado ante los Estados Pontificios.

En el terreno lingüístico y de sesgo literario cabe traer a colación algunos detalles que explicarían, en parte, la acendrada vocación de nuestro escritor por lo cercano, radical, folklórico, popular y dialectológico. Uno de estos factores biográficos viene vinculado a su paso, por destino de empleo, por Tui. En la ciudad tudense tendría oportunidad de familiarizarse con el universo gallego-portugués y sopesar la realidad de entonces. En segundo término, su implicación en el selecto grupo de personalidades impulsoras de la cultura autóctona y general (socios corresponsales del Teatro de Villafranca, entre los cuales se hallaba Gil y Carrasco y otros burgueses que constituían la élite cultivada).
En otro apartado – y en tanto que preámbulo al comienzo del análisis de su obra – conviene acotar lo conservado (que es más bien reducido en comparación con otros autores): un único compendio de poesía, titulado «Ensaios poéticos en dialecto berciano», compuesto por unos 8.000 versos y distribuido conforme a una temática rural, tradicional y localista. Los poemas se encuentran redactados en dialecto gallego-berciano (todos, excepto uno bilingüe). Los 15 dialectales narran historias y describen faenas agrícolas, fiestas o romerías, se insertan en la faceta natural (fauna o flora) o reflejan singularidades del modo de vida y demás curiosidades específicas del área en que se contemplan: O fiandón da aldea, Á Santísima Virgen da Angustia, A Ponferrada, Villafranca e a vendima, Na volta da sega, O Entroido, O San Roque en Paradela, Os Magostos, As rogativas a San Crispín,…

Su estilo


El estilo de nuestro eximio poeta es, en cierta manera, clásico y formalista. Aún así, el lenguaje se revela en función del habla cotidiana de la zona del «corazón o meollo» del Bierzo. En esta parcela hace falta aludir a la idea y consenso mayoritario sobre las lenguas en el momento histórico en que concibió sus producciones literarias. Se creía que exclusivamente se podría tildar de lengua al español o castellano: con una monarquía absoluta. Nuestro vate pensaba, en una originaria perspectiva, que el dialecto berciano auténtico se asociaba al habla corriente del Bierzo bajo o central cuyo exponente prístino y puro se plasmaría en Cacabelos. Este aserto provenía de verificar que, más allá hacia el Oeste las formas de comunicación se iría insensiblemente «galleguizando» y, tomando rumbo hacia el sureste, se comprobaba una semejanza con el castellano (o leonés). Respecto a esta afirmación es cierto, asimismo, que reconoció unos trazos privativos evidentes -en la transcripción de su versificación – que incluirían al berciano en el seno del dialecto gallego (del cual sería, en esta tesitura, un subdialecto o variante). Si quisiéramos encuadrar en un marco filosófico-literario a nuestro gran hombre no habría otra opción que citarlo como un «romanticista» inconfundible. Algunos de los rasgos distintivos de esta generación lo delatan: su predilección por su tierra de estimación, la utilización de epítetos descarnados y la hiperbolización de las situaciones y acontecimientos rutinarios del vulgo, la inclinación por centrar los retratos de la realidad en sentimientos y afectos muy humanos, su comprensión panorámica de la naturaleza circundante, su patente anhelo de transmitir la atmósfera ambiental y psico-social.

En el plano de otra visión existencial incontrovertible, mi apoyo a la apreciación del ex-presidente de la R. A. G., Xosé L. Méndez Ferrín es contundente (es de justicia). Sí, nuestro romántico consigue los efectos tópicos de un realismo “tremendista”. Combinando técnicas sencillas, alcanza excelsas cotas de complicidad con el lector.

Para concluir con las connotaciones excepcionales de Morales simbólicamente, entiendo que la mejor definición de sus textos o ensayos poéticos es la que los asemeja o liga a «retratos sorprendentes». Su enorme capacidad de articular y conjugar los versos, su dominio de la gramática, la sintaxis y su exquisito y cuidado respeto a las normas - del mismo modo que su innata cualidad de «contador» irreverente y directo – le procuraron importantes adhesiones entre las clases campesinas, labriegas y predominantes.

En mi opinión


Una vez leídas e interiorizadas sus poesías me han llamado la atención tres rasgos de su obra. El esencial se acoge en la recopilación interesada de palabras y giros localistas, rayando con los vulgares. En esta línea de argumentación discrepo con otros análisis más sesudos. Cuando se prejuzga que no se dan, no comprendo tal afirmación aventurada: de cualquier manera, un buen registro de términos pertenecerían al gallego oriental (o, tal vez, «estremeiro» en mínima cuantía). La contrastación visible del uso de castellanismos o de vulgarismos (participios acabados en -ao y no en -ado) no hace sino que fortalecer la idea de que Fernández y Morales se inscribía en la moda romántica de los tiempos que le tocaron transitar. En esto se sospecha un antecedente del regionalismo -típico de algunas facciones del siglo XIX - que clasificaría en nuestro espacio geográfico, en perfecta convivencia - a los gallegos, bercianos y leoneses-castellanos. Y, es de rigor añadir, que sin ningún enfrentamiento.
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