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Efecto Zeigarnik

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11/02/2017 A A
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Efecto Zeigarnik
La psicóloga rusa Bliuma Zeigarnik, junto a su colega Kurt Lewin, se dio cuenta de que si le preguntaba a un camarero qué pedidos le faltaban por servir y cobrar, se los decía de corrido y, sin embargo, aquellos ya concluidos -y pagados- los había olvidado casi por completo. A partir de ahí, se puso a investigar por qué nuestra memoria prioriza el recuerdo de las tareas pendientes sobre aquellas ya finalizadas. Bliuma vino a decir que lo inconcluso quedaba escociendo en la memoria hasta que se le ponía un punto y final. Es el llamado efecto Zeigarnik.

El malestar que nos produce lo inacabado se nota desde lo más nimio: aquella película que no terminé de ver, el curso de idiomas que no seguí hasta el final, la conversación que quedó a medias; hasta cuestiones importantes, cuyo recuerdo nos duele o nos enoja durante años.

La falta de justicia, y lo digo pensando en todo el amplio significado de la palabra, en los casos de abusos sexuales a menores ocurridos en el seminario San José de La Bañeza en 1988, ha provocado que las heridas de las víctimas sigan abiertas. Para ellos, el efecto Zeigarnik es la pesadilla de cada noche.

Esta misma semana se anunciaba la convocatoria de una manifestación en Astorga el próximo sábado que finalizará en el Obispado. El autor de los abusos, que ha terminado por reconocerlos, fue apartado del sacerdocio la primavera pasada, con una celeridad de tres décadas, que debe de ser la velocidad de la luz divina. Pero entonces, en ese momento, con el peligro sobrevolando pero las bocas aún cerradas, se le envió a otro sitio y chitón, dentro de un lamentable modus operandi de encubrimiento que ya hemos visto repetido varias veces.

Esa ceremonia de la confusión que busca convertir sólo en pecado lo que es delito resulta siempre muy conveniente para los que los crean y categorizan, pero no los pasan después al Código Penal. A pesar de este torpe intento, una treintena de alumnos del seminario han firmado un comunicado pidiendo que se investigue lo ocurrido y «que el paso del tiempo no sea la sombra donde se escondan estos seres sin escrúpulos».

Parece que siempre hay un día en el que la memoria vence al miedo.
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