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Cosas de ‘toristas’

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16/07/2017 A A
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Cosas de ‘toristas’
Cuando Quintín hablaba de ‘toristas’ no se refería al viejo debate de toros sí o toros no (más bien, nuevo debate) de lo que realmente estaba hablando era de los antiguos veraneantes, a los que otras veces llamaba torismo ordinario.

Todo eso cambió cuando Letizia casó bien en Madrid y como es de Oviedo pues no fue llegando la cosa del influjo de la vecindad. Se notó mucho en las gorras de los toristas, que son las que marcaron el cambio de tendencia. Aquellas gorras de Talleres Anselmo de Ciaño quedaron absolutamente desterradas y fueron sustituidas por otras de la Fundación Principado de Asturias o, incluso, unos abanicos de propaganda del Hola, siempre que no trajeran la foto de Jaime Peñafiel, que no es nada partidario, por más que diga que tuvo una novia en Sabero, que no se lo creyó nadie.

Y las gorras aquellas del Soma con la cara de Villa que nos daban en Rodiezmo, esas no las sacan ya ni para sacar las orillas del jardín con el cortacésped. Dicen que setá muy penado.

Lo bueno del desembarco de los toristas es que cambian las conversaciones y salimos de la monotonía de la invernada, que estabas condenado a entrar donde Marga y que Sidoro (el del antiguo Bar Casa Isidoro) te recibiera con la maldición: «Tantos años vivas como lobos mates», que está muy amenazado por los ecologistas.

La invasión provoca nuevas conversaciones, de gente en pantalón corto, que siempre razona a tiro libre. Así cuando está la televisión en pleno Parte no falta quien mira al biés, como con desprecio, y dice cosas como «tengo tantas ganas de hablar de política como de los hornos pirolíticos de Carlos Arguiñano». Y mira al tendido.

- ¿Qué hay de lo nuestro?

- Nada, se lo quedó Hacienda.

Oye, es otro nivel.
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