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Casa vieja de señoritos nuevos

A LA CONTRAIR

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26/05/2017 A A
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Imagen de Fulgencio Fernández y Mauricio Peña A la contra
Por Fulgencio Fernández y Mauricio Peña
Casa vieja de señoritos nuevos


Está claro qué llave es la que manda sobre todas las demás. Es evidente que entre todas las puertas que se rinden y dejan paso franco a estas llaves hay una que manda, tanto que no puede ser de puerta sino de portón.

Portón de iglesia, casona o palacio. Portón sin mando a distancia y con portero o casero que abre al amanecer con esa enorme llave que no se puede perder pues no suelen hacer copias los modernos cerrajeros o copistas de grandes almacenes.

Casona o palacio con galería, grupos políticos, vidrieras, pasillos... y llaves sencillas porque los secretos de sus habitantes o los llevan a casa o los tienen bajo otra llave en sus despachos, llaves que no dejan tiradas en una bandeja.

Llaves, a fin de cuentas, del Palacio de los Guzmanes, que tiene portón que da a la plaza y mira a la cara a Gaudí.

Llave grande que fue de casa grande y apellido rancio que, como tantos, iba camino del olvido, el abandono y la ruina. Hasta que se fijaron en ella los nuevos señoritos y la Excelentísima Diputación pensó que no habría mejor lugar para sus intrigas... para que pudieran ser palaciegas.

Por una vez fue derrotada la hostelería y la vieja taberna de El Bodegón cayó bajo la piqueta de los afanes expansionistas de la Excelentísima, con el mural de Vela Zanetti y todo...

Que la casa vieja con llave grande tenía señoritos nuevos.
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