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Editorial

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La Viñeta

Silueta de la escultura La Negrilla

La Negrilla

Carta

A pie de calle

Casas para lagartijas

A LA CONTRAIR

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| 16/02/2017 A A
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Casas para lagartijas
Dice Nano el de Coladilla, un tipo que debería estar subvencionado por el buen rollo que transmite, que cuando camina por las calles de su pueblo y ve una casa caída, que ya es solamente un montón de morrillos que alimentan ortigas, se detiene «y lloro».

«Claro que lloro, ¿qué otra cosa se puede hacer?» se pregunta este paisano que ha regresado a su tierra con su jubilación.

Y es que una casa caída ya significa mucho. Es la derrota, convertir en ortigas y olvido algo que costó levantar unos sudores que no puedes imaginar.

Pero hay varios estados anteriores a la ruina, varias fases que anuncian la derrota.

Son ruinas de primera generación las ventanas con cristales rotos que ya nadie repone y se cambian por unas tablas que suenan a disculpa. También las puertas que se cuartean sin que nadie las lije y le regale una mano de pintura. Hay ruinas de segunda generación cuando aquellas tablas que sustituyeron a los cristales también se pudren y un tabique de ladrillo deja a la casa sin luz, que es tanto como decir sin vida.

Y las de tercera generación, ya en coma, es cuando se caen las tapias que taparon a las tapias, cuando las vigas del tejado ceden, cuando las tejas viajan a tierra, cuando las piedras se rinden y se derrumban.

Después ya sólo serán casas para las lagartijas.
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